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EL COLECTIVO FANTASMA
Como acostumbro todos los días, por la mañana me encuentro con algunos compañeros de séptimo grado para ir caminando hasta la escuela. Carlos, mi compañero de juego, el más alto y fuerte del curso. Tavo, flaquito y pálido, siempre con miedo a todo. Andrés, el carilindo, le decimos el Facha, por el que todas las chicas se enamoran, y yo, Martín.
Siempre salimos temprano, para ir charlando tranquilos y siempre pasamos por un lugar maravilloso. En realidad, nunca entramos y desde la calle apenas podemos ver algo. El predio debe ocupar unas dos manzanas. Está rodeado de un paredón altísimo, pero una reja cubre la entrada. A través de la reja podemos ver estacionados, decenas de colectivos destartalados. Dice mi papá que cuando los colectivos tienen un accidente o el choque es muy grande, muchas veces no conviene arreglarlos porque es muy caro, entonces los remolcan hasta ese depósito y los usan como repuestos para otros vehículos. La verdad es que solo vimos entrar o salir a un señor, siempre llega por las mañanas y creo que es el cuidador.
Para nosotros es como un parque de diversiones inaccesible al que miramos con la pretensión de poder ingresar sin pagar entrada. Muchas veces es nuestro tema de conversación. Que por donde se “podrá entrar”, qué pasaría si saltáramos la reja, será que el señor lo cuidará día y noche, y así continuamos divagando sobre la posibilidad de introducirnos en el preciado depósito vehicular. Por la tarde, al volver de la clase de gimnasia, vimos el cuidador cerrando la reja y luego se iba caminando despacito hacia la parada de colectivos.
Carlos, vio al instante una oportunidad.- ¿Y si entramos? Nos preguntó entusiasmado.
-No, mejor nos vamos, - dijo Tavo con esos ojos de cordero miedoso.
-¡ Sí ! ¡Dale, entremos! Se entusiasmó el” Facha”.
Yo miré el reloj y vi que todavía era temprano. ¡Total! ¿Cuánto tiempo tardaríamos en dar una vuelta?, con una hora alcanza y sobra, pensé.
Carlos, ya estaba montado en lo alto de la reja y nos daba una mano para ayudarnos a treparla. Tavo, como siempre, fue el último. Enganchó la pierna en el travesaño y mientras trepaba repetía: -Nos van a agarrar, va a venir la policía, y recibiremos una buena paliza.
Carlos enojado le gritó-¡O te callas o te vas!
Ya estábamos todos adentro. Era un paraíso. Colectivos de todos los colores y de todas las líneas, acarreando tremendos choques. Algunos hacía rato que estaban allí, consumidos por el óxido de los hierros. Otros parecían más recientes. Había varios incendiados. Nos llamó la atención el colectivo 24 de la línea 106. Todo el frente y el lateral derecho destrozado. ¿Qué habría pasado? No quedaba una ventanilla sana de ese lado y los asientos, tapizados en cuero negra, estaban destrozados. El accidente debió ser terrible.
El colectivo estaba medio inclinado, pero igual entramos a mirar. Todos menos Tavo, que se quedó petrificado en medio del playón.
-Una niebla espesa comenzó a descender. ¡Qué humedad!, pensé.-
En el interior, encontramos entre los hierros retorcidos de los asientos desencajados, un chupete, un zapato, anteojos rotos, un diario, otro zapato de mujer. Había vidrios desparramados en el interior. Una foto de un bebé colgaba del espejo retrovisor del conductor. Pensé que posiblemente eran las pertenencias perdidas de los pasajeros.
Un grito nos sobresaltó. Salimos disparados a la carrera. Era Tavo. -Algo se movió allá atrás. ¡Vayámonos!. Dijo asustado.
Carlos preguntó: -¿Por dónde?
-Atrás del 88. Vi algo que se movió. Me quiero ir.
El Facha, le dijo -Es temprano todavía. -¡Vamos a ver! y salió corriendo hacía el sitio señalado, seguido a corta distancia por Carlos que estaba a sus anchas.
Yo también tenía ganas de ir a investigar, pero vi tan alterado a Tavo que decidí quedarme un rato con él y ver qué pasaba.
Transcurrieron unos minutos y la impaciencia me estaba afectando. Y Grité con todas mis fuerzas.
-¡Vengan, Vengan! se escuchó la voz de Carlos. Agarré del brazo a Tavo y le dije: -Vamos a ver.
-¡No! ¡No quiero! protestó
-!O vienes o vienes !. Le dije y lo arrastré.
Había un colectivo en perfectas condiciones. El colectivo de la línea 60. Carlos y el Facha se habían acomodado en su interior. Carlos estaba sentado al volante, subimos y nos sentamos en los primeros asientos. Todos reíamos divertidos. Hasta Tavo parecía contento con el descubrimiento.
De repente se cerraron las puertas automáticamente.
-¿Qué tocaste? Le grité
-¡Nada! ¡No toqué nada!!Te lo juro!
De pronto se encendieron las luces. -¡Algo tocaste! Le dijo el Facha.
Carlos sorprendido gritó : -¡Te juró que no! Y como un resorte saltó de la butaca del conductor, para sentarse junto a nosotros, en los asientos de pasajeros.
Nos miramos todos extrañados. Tavo comenzó a transpirar de los nervios y a restregarse las manos.
No habíamos salido de nuestro asombro, cuando el motor comenzó a rugir. La palanca de cambios se movió como por arte de magia y el colectivo, comenzó a avanzar lentamente por el playón, conducido por quién sabe quién. El chofer fantasma puso segunda y avanzó a mayor velocidad. Luego tercera y finalmente, pasó en pocos segundos a cuarta.
El colectivo avanzaba por el playón, rodeando otro grupo de vehículos estacionados en el centro del mismo a gran velocidad. Teníamos que sujetarnos fuertemente de los asientos para no caernos.
Tavo, lloraba y gritaba sin parar. Pronto los cuatro acompañamos sus gritos a coro. A nuestros gritos se sumaron risas fantasmales que agregaron pánico a esa experiencia descontrolada. De pronto sonó el timbre de la puerta trasera. El chofer fantasma redujo la velocidad, la puerta trasera se abrió y se cerró en segundos para volver a tomar carrera rápidamente.
Los cuatro, impávidos sin saber qué hacer, veíamos caer la tarde en nuestro viaje misterioso a ninguna parte.
La velocidad impedía que pudiéramos pararnos.
Carlos, comenzó a arrastrarse por el piso mientras se sujetaba de los asientos y tomando a Tavo del brazo, lo obligó a tirarse al piso hacia la puerta trasera. De repente, escuchamos nuevamente el timbre de la puerta trasera, era nuestra oportunidad de escapar.
Carlos ya estaba con Tavo junto a la puerta. El colectivo redujo la velocidad, frenó y la puerta se abrió. Carlos y Tavo se arrojaron del colectivo. El Facha y yo no llegamos a tiempo ya que la puerta volvió a cerrarse en segundos.
Carlos y Tavo que estaban a salvo, nos miraban espantados desde el playón. Y nosotros continuamos nuestro viaje estirados en el piso, junto a la puerta trasera, entre las carcajadas de los espectros que nos acompañaban, con la esperanza de que alguno tocara el ansiado timbre.La noche se acercaba. Mientras tanto, Carlos junto a Tavo arrastraron un par de cubiertas para depositarlas en medio de esa pista macabra con la intención de detener al colectivo. Pero el fantasma maniobró esquivando el obstáculo con destreza mientras lanzaba una carcajada que resonó como un tambor.
Pensé que jamás podríamos abandonar esa máquina siniestra ya que el timbre no volvió a sonar.
Carlos seguía tramando la manera de detener al colectivo. Entonces, se paró a un costado y estiró el brazo. El chofer detuvo su marcha y abrió la puerta delantera para permitir su ingreso. Pero Carlos no subió. El chofer , entonces, volvió a acelerar en loca carrera.Con el Facha nos arrastramos hacia la puerta delantera y esperamos. Nuevamente Carlos estiró el brazo en un nuevo intento por detener la alocada marcha. El chofer frenó y abrió la puerta delantera. Ahí nos abalanzamos y nos arrojamos rápidamente.
Estábamos a salvo. Un poco magullados, pero vivos. Salimos corriendo, trepamos la reja del portón y llegamos a la calle. Cuando miramos hacia atrás, El colectivo 23 de la línea 106 estaba estacionado en el lugar de siempre.
LEYDER ALVAREZ
EL BARRIO CHINO
El barrio chino, es un espacio donde a través de notas de prensa, comentarios, notas al margen, intentaremos redimensionar algunos recuerdos de un sector que existió en las afueras de la ciudad de Barranquilla (1925 – 1965) dedicado al lenocinio, al goce pagano; un sitio de iniciación de impúberes en escarceos amatorios y de revalidación de sexualidad en la llamada vieja guardia.
El barrio chino reconocido por todas las rumbas que allí se llevaron a cabo. Siempre es recordado por las prostitutas francesas o mejor trabajadoras sexuales bilingües. Muchos personajes de esa época, muchas cosas que contar y también muchos lugares reconocidos de ese sector, son ahora una historia que aún no tiene final.
La localidad del barrio chino comprendida de la calle 41 a la 38 llamadas calles Santander y calle San Juan; de las carreras 24 a la 26 las cuales eran conocidas como Providencia y Libertad y entre otras llamadas las flores, samblas, de Jesús, y Vesubio.
El Danubio azul fue un bar ubicado en la carrera Vesubio donde se concentraban todas las personalidades que llegaban de diferentes lugares del país, este bar era habitado por todas las prostitutas que se conglomeraban para cumplir su fin, tener dinero por medio de relaciones sexuales con sus invitados.
En cada una de las esquinas se encontraban diferentes bares, pero en especial el triángulo, que era llamado así por la forma de su casa; este bar además de ser un billar y bailadero atendido por “putas”, era también la estación de taxis en aquel tiempo.
En la calle San Blas con carrera Independencia había una casa grande de madera, la cual le pertenecía al señor Benito De León, papá de Lancaster de León, aquel futbolista famoso; también al señor Benito era el propietario de un bar llamado “El Tambor de la Alegría”, uno de los bares más reconocido en esa época.
En la otra esquina con la calle San Juan estaba ubicado “El Moravia”. Era del señor Octavio Vergara, él tenía la cantina ahí, seguido había unos apartamentos pequeños que eran donde vivían “las niñas” que trabajan con él; la casa tenía un patio grandísimo, encementado que servía de bailadero. La casa siguiente era donde vivía el señor Octavio con su familia.
Los bares del sector comprendido entre las calles San Blas y Caldas con carrera Independencia desaparecieron para los años 40. A partir de la calle de las Flores donde empezaban los bares, como “El cubano”, ubicado en la calle Santander; además estaba “El Buenos Aires”, “El Aires Cubano” y “el Colombiano”.
El último bar que tuvo el barrio fue “El Nica”, quedaba en la calle de las Flores con carreras Providencia e Independencia. Después se trasladan para la Ceiba, todos los bares y empieza la moda de los amanecederos como “el tetero”, “la charanga” y “la gardenia azul”.
Cuando llegaba la noche cada uno de los lugares que se prestaban para el comienzo de día laboral colocaban a las afueras un foco indicando en qué momento se podía atender, cuando se encontraba en rojo quería decir que las putas estaban ocupadas y cuando estaba en verde que podrían llegar los clientes.
Este sector tuvo diferentes significados, como el barrio de la rumba, del trabajo, o del hospedaje, pero en realidad fue conocido como el barrio en donde residían las francesas que trabajaban como mujeres de la vida fácil.
Todo este sector cada día que pasaba se encuentra revuelto de todas las tareas nocturnas que para sus vecinos y personas aledañas son de mal gusto. Un sector como este, que hoy día aun no pierde vigencia y ha tomado más fuerza en el campo del comercio y el trabajo mecánico, no deja su esencia de crecimiento, en su círculo dedicado a la prostitución.
Bares, casas y residencias de la nueva época son tomadas con mayor acogida por un numeroso grupo de personas de la ciudad, toda esta historia que no tiene un final llega casi hasta muchas esquinas del barrio montes, nuevos bailaderos entre la calle 38 con carrera 27 llamado la cachaquita pechichona y una casa de la señora Chepa de la Cruz es llamada “mis putas modernas”.
Esta historia aun no tiene un final y sigue con una disminución laboral en la prostitución, pero aun todavía se conoce como el barrio chino el espacio de las putas.
KEVIN COBA PEREZ
La locura del coleccionador
Sus ojos salieron del estado de locura para ubicarse de nuevo en su órbita. Dejó aquella sonrisa maquiavélica y volvió a poner la cara de seriedad que mantenía en todo momento. Detrás de ese rostro que parecía inocente se encontraba sumergida una persona sin escrúpulos, un sanguinario que planeaba detalladamente todos sus pasos y movimientos, para que sus planes siempre resultaran con éxito.
Organizó y limpió todo para que nunca encontraran pistas sobre lo ocurrido; aunque nadie sospecharía de él, si era un joven de buena familia, vivía en la mejor zona de la ciudad ¿cómo podría generar desconfianza un estudiante de odontología con un gran futuro por delante? Un hombre normal que no mostraba ningún tipo de comportamiento misterioso, era reservado, pero eso no lo convertía en blanco para la policía.
Se llamaba Alejandro, siempre rodeado de gente, era muy organizado y tenía una fascinación por su profesión de la que estaba a punto de finalizar los estudios superiores. Su pasión eran los dientes y operar casos extraños, en ello poseía mucha experiencia.
Toda la historia inicia cuando Alejandro tenía 6 años. Atravesaba una etapa normal como todo niño mudó sus dientes, pero él se obsesiono de una manera extraña, en lugar de ponerlos debajo de su almohada para que el ratón Perez le diera dinero, prefería guardarlos que dárselos a un desconocido. En ese momento inició su colección de dientes que fue aumentando a medida que mudaba el resto de los dientes o los de sus hermanos menores. Llegó el momento en que todos mudaron sus dientes, la inconformidad en él, por no poder tener más, se convirtió en demencia, que nadie logró detectar.
Al graduarse del colegio su colección ya alcanzaba 100 dientes, los había conseguido peleando con otros hombres, el hecho de ser cinturón negro en karate le daba ventaja antes sus contrincantes; al momento de decidir una profesión, no dudo ni un minuto en escoger odontología, esta era la mejor manera de conseguir modelos de dientes diferentes para su colección.
En unos carnavales Alejandro conoció a una joven con los dientes perfectos, ella captó su atención; amiga de sus amigos, no hubo problema alguno para entablar una conversación y así intercambiar números telefónicos. Él no pudo dejar de pensar en aquellos dientes blancos y bien ubicados parecían perlas brillantes que encajaban con exactitud como en un collar.
Alejandro decidió llamarla para invitarla a salir, pensó que esta era la mejor forma de sacarla de su cabeza, porque si la veía de nuevo, encontraría algún defecto a su dentadura y así podría descansar en paz, ya que desde que la había conocido no había tenido ni un momento de alivio, estaba como loco pensando en esas perlas, él debía hacerlas parte de su colección.
Susana, ese era el nombre de la joven, dudo al principio de aceptar aquella invitación, pero su amiga Tatiana la convenció, pues no querían estar aburridas en sus casas. Como es costumbre Alejandro paso en su carro, un mazda azul algo viejo. Subieron al auto con las expectativas de divertirse, lo normal en un fin de semana.
Tatiana propuso varios planes que incluían fiesta y bebida, pero Alejandro no se encontraba muy de acuerdo con esto así que les planteo:
-qué tal si vamos a mi casa, compramos trago, ponemos música, yo le digo a unos amigos que lleguen y así la armamos.
Susana y Tatiana quedaron pensativas pero accedieron. No dudaban de aquel joven de tez blanca, ojos oscuros, nariz fileña y labios rosados un poco gruesos. Su sonrisa agradable que poco sacaba a relucir, en los dientes tenia brackets para arreglar un pequeño problema de mordida, cara alargada, con manchas de la adolescencia. De contextura delgada, pero sus músculos se encontraban tonificados, porque aun practicaba karate.
Una vez en su apartamento las dos inexpertas mujeres se encontrabas deslumbrada de lo lujoso que era, Alejandro las hizo pasar a la sala y ambiento el momento con música, les sirvió vino en unas copas y entablo una conversación, pero a medida que pasaban los minutos Alejandro fue perdiendo el control, esos dientes lo atormentaban, él tenía que tenerlos, así que aprovecho cuando las jóvenes se acabaron el vino, para ofrecerse a traerles más, tomo las dos copas en sus manos, lanzo una sonrisa ya un poco chueca y se dirigió al bar.
Una vez allí tuvo una descabellada idea que daría como resultado el poder tener en su colección: 8 incisivos, 4 caninos, 8 premolares y 12 morales de la mejor calidad y forma posible, sin contar lo que podría obtener de Tatiana. Nunca había obtenido tantos dientes en una sola ocasión y de una misma persona, así que puso en marcha su plan. Sirvió el vino en las copas, después busco en la cocina un pequeño frasco de un bebedizo que pondría fin a la vida de estas aun adolecentes, vertió diez gotas en cada una de las bebidas, la revolvió y se dirigió a sus “amigas”.
Las dos jóvenes ignorantes de lo que ocurría, empezaron a tomar su bebida, como ya estaban un poco embriagadas no encontraron diferencia alguna en el sabor de éstas. Empezaron a sentirse mal, débil, no podían mantenerse en pie, pero aun así observaban todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, Alejandro se acerco lentamente y cauteloso a ellas, mientras las mirabas con los ojos ya desenfocados que reflejaba maldad, fuera de sí, soltó una sonrisa llena de crueldad.
Susana y Tatiana intentaron gritar pero su cuerpo no respondía, se encontraban tiradas en aquel piso frio, mientras Alejandro les mostraba su colección de dientes y les explicaba que en ese momento los de ellas pertenecerían a ésta, mencionó su obsesión por los dientes de perla de Susana, las pobres mujeres no pudieron mas y sus ojos se cerraron para no abrirse más.
En el instante en que ellas yacían muertas en la sala de su casa, Alejandro busco todos sus instrumentos de operación y se dedico a obtener no solos los dientes de Susana, sino también los de Tatiana.
Se encontraba satisfecho, por fin ya tenía los dientes que había deseado, pero ese estado de felicidad duro poco tiempo, ya que después de unos minutos ya sentía renacer la necesidad de seguir aumentando mas y mas su colección.
Maria del mar Arteaga Muskus
Angélica Maria Torres Quintero
La desafortunada más afortunada
Lily se consideraba una chica con mala suerte para todo, y esto tenia algo de cierto, a diario le pasaban cosas malas, no grabes, pero si malas, que le hacían pensar que era quizá la mas desafortunada del mundo.
Esta atolondrada mujer vivía la mayor parte del tiempo quejándose de sus infortunios y deprimiéndose por ello, cuando solo bastaba con mirar a su alrededor para darse cuenta que no todo estaba tan mal (de hecho nada estaba mal).
Lily lo tenia todo en la vida para ser feliz, una perfecta familia (un poco loca) pero al fin y al cabo amorosa, unos amigos que la adoraban, a su mejor amiga que daría su vida por ella y a su novio, con quien solo llevaba un mes, y quien la hacia muy feliz. Ella no veía esto, no lo valoraba y lo único que hacia era quejarse de su vida.
Un día cometió un error gravísimo que resulto hiriendo a la persona mas importante en su vida (su mejor amiga), quien dio por terminada una amistad de 4 años, Lily no podía creerlo, ella no aceptaba su error y como era habitual, se creía la victima de la situación.
Dos largas horas llorando frente a su mejor amiga no le funcionaron a Lily como siempre pasaba, su mejor amiga tenia mucha rabia y no quería perdonarla, aunque era consciente de que no quería perderla, ya Lily la había hecho sufrir muchas veces (sin intención) pero lo había hecho, y esta vez tenia que hacer hasta lo imposible por tratar de recuperar la amistad de su Bff.
Lily aun no aceptaba su error, le pedía perdón a su amiga, pero aun seguía haciéndose la victima, cosa que llenaba mas de rabia a esta ya impaciente chica, que aunque había decidido no ser mas su amiga, no quería dejar de verla, pues tenían muchos amigos en común y se aproximaba una salida a la cual todos sin duda irían.
Ya Lily estaba desesperada, jamás había pasado tanto tiempo peleada con su mejor amiga, pero no hacia todo lo posible por recuperar su amistad, se sentaba a hablar con ella con la intención de hacerla cambiar de opinión y esta no era la idea.
-No cambiare de opinión Lily, tienes que hacer algo para ganar mi amistad otra vez.
Le decía su amiga.
Le decía su amiga.
Hasta que un día por fin se dio cuenta de lo tonta que había sido todo este tiempo, ahora si había escuchado las palabras de su leal amiga, quien siempre le decía que estaba haciendo algo mal, así que Lily miro a su alrededor y se dio cuenta de que sus alocados padres la amaban, de que sus amigos la ayudaban en su depresión y de que aunque su mejor amiga dijera que no tenia ya nada que ver con ella, la seguía amando. Ese día se dio cuenta que jamás estuvo sola, como siempre se sentía, de que siempre iba a tener a su alrededor a estas personas dispuestas a ayudarla todo el tiempo, y de que su vida sencillamente era perfecta y de que era muy afortunada.
Ahora Lily se dedica a disfrutar de su imperfectamente perfecta vida y tratar de recuperar esa hermosa amistad con esa chica a la que tanto ama. Aunque ya las cosas están mejorando, aun falta un poquito para que todo vuelva a ser como antes, y lo será si sigue así como va.
Diana Barrios
ANSIEDAD POR LA VERDAD
Jerónimo era un chico meditabundo, algo amargado; esperaba más del mundo, pero fue defraudado. Desde muy niño tenía un pensamiento avanzado acerca de la vida, de lo que conlleva vivir, de la razón de la existencia, de lo correcto y lo incorrecto, de lo tonto, de lo absurdo, de lo inteligente y de lo sabio. Todo esto lo condujo a un aislamiento. Sumergido en sus pensamientos, Jerónimo sólo soñaba, mientras sentía morirse lentamente.
—En mis sueños hay árboles empinados y frondosos. Yo soy un carpintero ermitaño con un hacha de plástico. No me queda más que satisfacer las necesidades de mi cuerpo, esperar la muerte o el cambio generado por otros; porque la decepción corroe todo mi ser —Pensaba Jerónimo.
Despertando un día, su corazón acelerado latía muy rápido. Se levantó agitado y como gimiendo, porque le faltaba el aire, pero lo más angustiante era que estaba ciego, por alguna razón había quedado así. Luego de un rato pudo controlarse un poco, se sentó respirando lenta y profundamente, su vista regresó y su corazón empezó a latir normalmente. Sin pronunciar palabra, Jerónimo se quitó la ropa, tomó su libreta, su lápiz y escribió todo lo que soñó, agregándole todos sus pensamientos agrietados y abismales. Al terminar, pensó por un momento más hasta que sintió fastidio y tristeza, junto con el miedo que continuaba creciendo, no encontraba paz de ninguna forma. Desesperadamente, buscando escapar de todo esto que le generaba angustia, siguió su ritual metódico de masturbación.
Pasó el tiempo. Jerónimo acabó de masturbarse. De inmediato aborreció a su cuerpo, su cara se arrugó y sintió como si desde la frente descendiera un río de agua espesa y muy pesada que le llegó hasta el pecho, en donde se convertía en un punzón fuerte y agudo que perturbaba el alma, el cuerpo y era como si su espíritu estuviera muerto. Jerónimo lloró amargamente, con toda la amargura que lo caracterizaba. Luego entró en frenesí. Con Violencia tomó la silla en la que estaba sentado y la lanzó contra la pared. Gritaba, daba patadas a todo lo que encontraba por ahí y no dejaba de llorar. Debajo de su cama había un pico y una pala, él tomó el pico y comenzó a reventar el piso de su habitación; pero, no contento con esto, siguió cavando con la pala. En un momento ya se habían acabado todas sus fuerzas, así que se abandonó a un lado del desastre y no dejó de llorar. Encontró una cuchilla cerca de él y estuvo a punto de cortarse las venas, mas no lo hizo.
En medio de todo su desastre y miseria logró divisar un libro que, extrañamente, le apeteció leer. No llevaba nombre, pero aquel misterioso libro tenía la vida de Jerónimo ahí descrita, además de otras palabras que daban respuesta a todos sus interrogantes acerca de la vida, de lo que se debe y no se debe hacer, de lo correcto e incorrecto. Él no leyó todo el libro, se detuvo un instante y miró a su alrededor, repudiando su desnudez, avergonzado del desastre que había hecho, sintiéndose sucio y bajo por haberse masturbado y haber querido atentar contra su vida.
Aquella mañana, Jerónimo había despertado de la manera como lo hizo a causa de un sueño que tuvo. Él veía de un lado a un hombre que se tiraba de lo más alto de un edificio, del otro lado había una mujer cortándose la cabeza y todo pasaba despacio. Él caminaba en medio de una calle y en ambas aceras había un montón de gente algo dispersada, que lo miraban fría y fijamente, de la forma como sólo pueden mirar los muertos. Aquella gente sólo lo miraban mientras él caminaba, pero rompieron el silencio y decían: “Eres uno de nosotros. No puedes escaparte de aquí. Somos los que nunca duermen, los que buscan tu perdición. La vida no es más que dolor. Muérete. Muérete. Muérete. ¡Muérete! ¡Muérete!”. Todo esto decían una y otra vez, unas veces fuerte y otras veces muy despacio, lo cual era delirante. Antes de despertar, estaba frente a un espejo y con sus dedos se sacó rápidamente los ojos.
Jerónimo continuó leyendo aquel misterioso libro; cuyas palabras le habían devuelto la paz, aunque lamentaba la condición en la que se encontraba; y encontró al final un título que decía “YO SOY”.
“Yo soy quien te conoce. Yo fui quien te formó. Yo sé todo de tu vida, porque yo mismo te la di y yo mismo te la puedo quitar. Yo siempre he sido y siempre seré. ¿Habrá alguien que ose enfrentarse a mí? YO SOY EL QUE SOY. SOY TODO. SIN MÍ TODO SERÍA NADA. SIN MÍ TÚ ESTÁS PERDIDO. Ahora levántate. De ahora en adelante ya no serás más Jerónimo, te llamarás Javier, porque casa nueva eres para mí, habitaré en tu corazón, controlaré tus pensamientos y mis sueños pondré en ti”
Javier, como era de llamarse desde ese momento, sonrió con la alegría y satisfacción que nunca había sentido en toda su vida, agradeció en altavoz y dijo:
—Acepto YO SOY. Acepto, porque Tú eres el más grande y delante de ti no soy nada. Me has sorprendido en mi miseria, vergüenza, soledad y fantasía. Has abierto mis ojos. Me libras de los demonios que me atormentan, de aquellos que quieren comer mis carnes. He descubierto que el amor eres tú y no me avergonzaré ni callaré mi boca para proclamar, para gritar con todas mis fuerzas que Tú eres todo y no hay nada sin ti.
Luego de esto se bañó. Al salir puso su casa en orden y no paraba de leer las enseñanzas del GRAN YO SOY ni de comunicarse con Él. Nunca más volvió a ser el mismo. Hablaba por todas partes del que lo había transformado, aunque no era bien recibido por todos, y a pesar de que a algunas personas les generara comezón el oír de Él, porque le amaba.
Así vivió Javier. Su vida giraba en torno a su amor, sus sueños ya no eran sufridos sino deleitosos, su amargura murió y ahora viven en él la dulzura, la belleza, la felicidad, la fe, la esperanza y el amor.
Juan David Manotas Escudero
EL MILAGRO DE CAMILA
Aquella mañana de abril Camila Asunción Silva se preparaba para entregar su vida al mejor hombre que ha podido habitar en la tierra, quien es el motivo de la fé mundial, ese mismo que sacrificó su vida por la humanidad, Jesús de Nazaret más conocido como Cristo.
Casi no pudo dormir en toda la noche esperando el glorioso momento de cruzar la puerta del convento, cada media hora recordaba de su sueño para levantarse a orar y pedir que nada malo le sucediera en la mañana, le rogaba a Dios por su protección ya que para ella no sería cualquier día, era su “gran día” se lo repetía en la mente con mucha constancia hasta lograr dormirse.
Camila era una joven muy atractiva, a simple vista se notaba la belleza de su cuerpo escultural el cual intentaba ocultar bajo esas blusas manga larga y cuello de tortuga, con faldas hasta las rodillas de colores opacos y telas muy gruesas para evitar las trasparencias, su calzados eran zapatos de abuelitas donde a veces aplicaba algo de moda eligiéndolos con algún tipo de decoración en cuanto a su rostro era fileño, de ojos algo achinados con un café muy profundo y cejas alineadas, su cabello formaba olas negras y muy brillantes que llegaban hasta sus hombros dejando siempre en el viento el olor de sus enjuagues muy naturales, porque eso si tenía la joven solo usaba maquillajes y demás productos de uso personal totalmente naturalizados.
Desde su niñez había esperado ese momento debido a que su madre tuvo como objetivo principal inculcarle el camino religioso, como paga de una manda donde prometía entregar la vida de su hija Camila al convento del pueblo si se salvaba la hija menor de su madre, quien logro sobrevivir de un fuerte cáncer y años mas tarde se convirtió en la cruz de Asunción, como todos la llamaban por ser tan condescendiente con su hermana.
Al salir el sol sonaron las campanas de la iglesia anunciando el comienzo de la misa, apresurando así el paso de Camila quien trataba de despertar a todos en su hogar pero nadie acudió a su llamado ya que estaban trasnochados debido a la celebración prolongada del día anterior la cual fue el cumpleaños número 17 de su hermana y como era costumbre para este día se tiraba la casa por la ventana, entonces nadie recordó el gran día de ella pero esto no le importó así que partió sola hacía la plaza del pueblo.
Tenía que recorrer un camino solitario pues su casa estaba en lo último de aquel pueblo tan grande, el camino era rustico y lleno de monte entre las cercas de sus orillas, las casas estaban muy separadas y aun nadie despertaba ni siquiera para barrer las terrazas entonces como no había a quien darle los buenos días los saludaba a los pequeños animales que se atravesaban por su camino como si estos fueran humanos.
Para ella no existía un ser vivo que no amara, ni siquiera un vecino de su abuela quien la había violado a la edad de 15 años, para ella recordar ese episodio era de mucho dolor y tristeza, a Camila la habían violado pero ella nunca acuso a aquel joven con tan solo 17 años debido a que siempre había sentido mariposas por él y ella consideró ese acto en contra de su voluntad como un castigo de Dios por amar a un hombre.
Al llegar a la plaza del pueblo se sintió en la gloria, veía como llegaban tantas jovencitas así como ella en carros y buses de pueblos vecinos, era su gran día tanto para ella como para esas señoritas pero entre tanta emoción Camila encontró un motivo para dejar al vientos sus delicadas lágrimas al descubrir la ausencia de sus familiares y mirar como acompañaban a esas chicas, sus madres llorando, e incluso novios con serenata en mano impidiendo la entrada de algunas a la iglesia, esto le hizo sentir una nostalgia tan grande que quizás ha de recordar para toda su vida pero con mas fortaleza para seguir su sueño, casarse con Dios.
La madre superiora les dio la bienvenida a todas las señoritas, invitándolas a seguir al convento sin sus acompañantes, estando a dentro se ordenaron por filas y una a una ingresaban a la habitación de meditación donde rectificaban la virtud de las nuevas monjas, a Camila le toco muy lejos y veía como salían algunas jovencitas alegres por que las encontraron impuras y tenían que regresar a sus casas mientras otras salían llorando por haberse conservado y tenían que seguir con el proceso espiritual.
Camila tenia por su suerte ya que veía como su sueño se derrumbaba en mil pedacitos y a pesar de su intento por pegarlos uno a uno no conseguía el método de restaurarlo, es que la virginidad es como el vidrio después de roto no vuelve a su estado original siempre estará la raja hay.
Entonces le llego el momento de su revisión y Camila ya no tenía más cuerpo para temblar se sentía muy angustiada, entre la espada y la pared ni para donde correr, entonces oro mentalmente y cerro sus ojos mientras la madre se preparaba para ver su parte intima.
-Abra las piernas por favor.
-ehhhhhhh sí, pero déjeme orar primero, ya que usted va a ver mi templo sagrado.
-bueno pero no demoré
La madre superiora quedo admirada por tanto temor hacía Dios pero sospechaba de los impacientes labios de Camila que susurraban súplicas impacientemente, así que detuvo la oración le dijo que necesitaba el tiempo aún quedaban mas jovencitas.
Camila se acomodo en la cama y abrió sus pierdas dejándolas descubiertas para mostrarle a la madre su supuesta virtud, pero en el instante que esta se agachaba para verificar recibió una llamada en ese mismo momento y mientras ella hablaba por teléfono la joven desperrada se rosaba todo el cuerpo en busca de conseguir una idea, tanto era que hasta roso la planta de sus zapatos los cuales tenían arena pegada y ensuciaron sus manos pero su angustia no le daba para pensar en limpiarse si no en rogar por su salvación.
Cuando la madre superiora por fin dejo de hablar regresó a la posición inicial para revisar pero esta vez se acerco mas a Camila dejándola presenciar con detalle su colonia la cual era con base a margaritas, las preferidas por la joven pero le daban alergia y ganas de estornudar, esta situación no fue la excepción y Asunción colocó sus manos en la nariz estornudando fuertemente esto causó que los pequeños granos de arena que habían quedado en su mano volaran hasta los ojos de la superiora a quien le impidieron ver perfectamente la vagina de la joven.
¡Los milagros sí existen!, ahora Camila comienza a rezar sus mil padres nuestros por salvarse de esta situación
El lobo de hielo
El lobo de hielo habita en tierras que el hombre no ha soñado llegar jamás. Es grande y poderoso, más allá de rivales, presas suyas son sus oponentes, su fiereza e implacable determinación lo hacen vencedor. En sus sueños se reconoce así mismo en el futuro, debido a esto, es poco perturbador para él lo que este le depare.
Es frio el lobo de hielo, su piel es nívea con pequeñas sombras grises que se asoman en su costado. Posee una vasta dentadura, limpia y afilada, resistente como el diamante, sólo se ve empañada con el escarlata de la sangre derramada por sus víctimas que han encontrado un agónico final en sus fauces. Cada vez que pasea por sus dominios ocasiona una tormenta de nieve a su paso y un colosal glacial se posa cuando descansa y duerme.
El lobo de hielo solo se muestra temeroso ante el poder del sol, quien sale de día y con sus rayos infrarrojos vigila aquellos terrenos que solo están al alcance de seres que viven entre este mundo y el otro, seres que pueden con los ojos cerrados observar detalladamente lo que les rodea. Al atardecer, cuando los últimos destellos del gran astro dejan de ser percibidos por las blancas extensiones, comienza un enrojecido resplandor a iluminar el cielo, cerca de las nubes, cualquier criatura en los alrededores comienza a percibir el frio de las altas montañas, apoderándose de su miedo, petrificando al más temerario de los seres no vivientes, termina de caer la noche y casi silbando el viento trae velozmente consigo como una tormenta al lobo de hielo quien como todas las noches vigila sus inmensos terrenos.
El lobo de hielo con sus zancas, vigorosas y resistentes como una roca, pero livianas como aquel copo de nieve que flota hasta posar en las copas de los arces en el invierno, sus afiladas garras se desprenden hincadas como bisturís en caminos desérticos y lagos congelados donde luego de intensas ventiscas y bajas temperaturas vive. Luego de llegar la noche, sobre agua solidificada se deambula, bajo los rayos penetrantes de la luna que lo tranquiliza, sin poder ver a pesar de su luz a aquellos que pertenecen a su misma especie.
No es fortuito el hecho de que su vida se dividió en dos aquél día, luego de ese instante de apareamiento, sus ojos como cristales azules cambiaron por completo, por un momento ennegrecieron como la oscuridad que cubría el cielo de esa noche, cegándolo por instantes…. La luna sería el cómplice del momento en que el lobo de hielo se veía más vulnerable. Se mimetizaba con los fríos vientos de esa noche. El lobo de hielo desde ese entonces poco más que nada era la relevancia que le daba a la inmortalidad luego de ver reflejada su imagen en aquellas pupilas azules y cristalinas como las propias, supo que para llegar a la vida eterna, debía atravesar con amor dos corazones.
Al final de sus días hizo una larga caminata hacia las más altas y heladas montañas, aquel lugar donde las nubes no permiten ver el horizonte, en ese paraje solitario se dispuso a congelar la mayor parte superior de una gran meseta dejando esparcido por toda la superficie su esencia de tormentas y vientos para así descansar por siempre.
YIMY RACEDO
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