Cuando somos jóvenes queremos llevar nuestra vida a millón y es ahí donde cometemos errores o nos adelantamos a hechos que en el momento no estamos preparadas para asumir y en algunos casos por esa inmadurez nos dejamos intimidar por la sociedad, por nuestros padres y hasta por nosotras mismas, llevándonos a buscar soluciones rápidas para calmar esa angustia o ese temor que nos invade y nos atormenta cada segundo y cada instante en que pensamos en que vamos a ser madres tan jóvenes y simplemente abortar, lo cual con el tiempo puede traer consigo consecuencias graves.
En algún momento nos hemos detenido a pensar en medio de esa angustia, de llanto y de soledad qué derecho tenemos de arruinarles o de interrumpir el suspiro de un angelito que no pidió venir a este mundo, que solo quiere llegar a tu vida para darle felicidad y que sueña con también jugar, saltar y soñar como lo hiciste tú cuando eras pequeña; seguro que no, y claro, si en ese momento y como todo el mundo, estamos pensando en una forma egoísta.
A más de una mujer en su vida le han sucedido situaciones adversas y dolorosas, pero aún en medio de toda tempestad llega la calma; ser madre es una corona que viene del cielo, es el regalo más grande y más precioso que nos ha otorgado Dios; ¡qué hermoso será verlo despertar, gemir o llorar! y sentir que en nuestro pecho encontrará tranquilidad, cuan inocente es o será; él no pidió venir al mundo en medio de dolor y tristezas, él no espera marcar nuestro destino para siempre, solo llegará para darnos paz y amor, convirtiéndose en la razón de nuestro existir.
Siempre dirán que madre solo hay una y que padre puede ser cualquiera, pero no debería ser así, porque ese bebé que viene es simplemente el reflejo del amor de los dos a pesar que los hombres sean tildados de “no tener corazón”, aún así, si no estás con tu pareja porque él simplemente siente que no puede y te vé a ti y a tu bebé como un impedimento en su vida, únicamente llénate de fortaleza y con tu frente muy en alto sal adelante con tu hijo, que sangre de la sangre de los dos será y aunque quieran borrarlo no podrán; entonces no solo vivirá con el cargo de conciencia que cada día de tu vida te atormentará con el dolor de lo sucedido, sino que ese aborto lo vivirás cuando vuelvas a engendrar si es permitido, porque a veces la misma vida te castiga esa crueldad y quedas tan marcada por ese acto de cobardía, si así se le puede llamar; perdiendo el privilegio tan hermoso de ser madre.
AT&T Helen Pérez
No hay comentarios:
Publicar un comentario