miércoles, 1 de junio de 2011

Separados por el destino

Separados por el destino
Abrió los ojos y miro la ventana, no noto que había oscurecido. Era tarde no se dio cuenta en el momento en el que me quedo dormido solo cerró los ojos. Miro el celular a su lado  y vio que eran las 11:45 y no podía conciliar el sueño solo pensaba en ese momento. Intento dormir  pero no podía, algo se lo impedía, dio varias vueltas en la cama y solo pensaba en ella, en sus labios, sus ojos , su sonrisa, de un momento a otro sus ojos se llenaron de lagrimas recordando lo que había perdido  y tal vez nunca recuperaría. Después de varias horas pensando, hablándose así mismo era la única forma de calmar sus heridas, volvió a ver el celular y ya eran las 2 de la mañana pensó que debía intentar dormir ya que mañana tendría que madrugar, cerro sus ojos y descanso.
Tom aguardaba la llegada del autobús inconsciente que Helen, a quien creía en lugar seguro, se dirigía a gran velocidad hacia él. Su destino era estar juntos, pero Tom se aseguró que no fuera así.
Al doblar la esquina, Helen no pudo contener la voz al ver a Tom iniciando la subida a su inminente separación.
—¡Tom!
En ese momento, nada de lo que había hecho anteriormente le pareció apropiado. Tantas mentiras, tantos engaños, tanta falsedad para que ella lo olvidase y no habían servido para nada. Ella estaba allí. Se giró lentamente y con un último esfuerzo.
—¿Qué haces aquí? —le espetó duramente—. Te dije muy claramente que...
—Quiero irme contigo Tom —dijo sin dejarle terminar echándose en sus brazos—. ¡Te amo!
—No puedes entenderlo cariño —y tampoco podía contárselo—. Pero algún día estaremos juntos de nuevo.
No tenía tiempo para explicaciones. Pronto lo entendería todo aunque fuese tarde para él. Apartó sus brazos delicadamente y le besó la mejilla. Subió al bus y se alejó.
Los dos enamorados estaban destrozados por dentro; ella no entendía el abandono ni la repentina frialdad que le había mostrado desde la noche que se encontraron a escondidas en el parque. Al momento, el silbido de un avión de pasajeros advirtió a Helen del trágico destino que allí acontecería. Se precipitaba raudo y veloz hacia el autobús. En unos segundos, una devastadora explosión unió a los dos en un amasijo de chatarra y llamas.
Incapaz de contenerse, Helen se desplomó. Ese era el fin de todo lo que había deseado, y recordó las palabras de repulsa que Tom utilizaba los últimos días comprendiendo que no eran de rechazo, eran de advertencia.
Pero ya era demasiado tarde.
Sintió la más oscura de las sensaciones quebrando sus entrañas y paralizando su corazón para siempre.
 Pedro Christoffel
050926014
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