En el pueblito de tía Lolita, el alcalde sacó un decreto pero los habitantes no creían en el. El decreto rezaba de la siguiente manera: … “persona que le mente la madre a otro tendrá que pagarle una multa de $5 pesos e iba preso”.
A todos les entró la curiosidad, sobre todo a los más jóvenes que hicieron hasta apuestas para verificar que el decreto lo hicieran efectivo.
Juan Paz, joven de veinte de edad y de buena familia, fue uno de los que estaban en esta lista, viendo que el alcalde Marcos Sarmiento pasaba casi a su lado, se le ocurre tal osadía y le recuerda su madresita al burgomaestre, quien lo mira con odio. De tres saltos llega a su despacho, y ordena a dos agentes que le traigan a ese insololente atado de manos y pies.
Al llegar los agentes a la casa del joven, éste los recibe bebiendo una sustancia verdosa y espumosa, al ver tal escena los agentes salieron como balas asustados y directo a la alcaldía. Al llegar, le cuentan al mandatario que el agresor está agonizando.
Indignado, este les grita a los militares, que ningún muerto hace lo que, el osado joven ha hecho, y los acompaña nuevamente donde el acusado. Al llegar a la casa del joven, empuja la puerta y ve a su presa de espalda, lo toma del cabello; pide a los agentes que traigan un vaso de leche para que Juan se lo tome.
Ante esto Juan responde: “ya yo desayuné, en este momento me levo los dientes con matarratón para evitar la caries”. El alcalde toma el vaso de leche y se lo arroja con furia en la cara, ordena a sus agentes que lo amarren y le cobren la multa de $5 pesos, lo encarcelen por haber violado el decreto.
Rápido, corrió la noticia en el pueblo. Unos reían, otros comprendían al alcalde; ya que si no hacia cumplir el decreto, en otra ocasión ignorarían cualquier otro.
Desde ese día se comenta en el pueblito de tía Lolita la osadía de Juan, quien fue castigado, y sirvió de ejemplo para que nadie repitiera su mala hazaña.
Por Laura Rubio Díaz.
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